La colaboración literaria entre Joseph Conrad y Ford Madox Ford que «hicieron para transformar la prosa inglesa lo que Flaubert había hecho para cambiar la prosa francesa», en opinión de Ezra Pound dio como fruto tres novelas: Los herederos (1901), La aventura (1903) y La naturaleza de un crimen (1923). La idea de Los herederos surgió en 1898, a raíz de una conversación entre ambos escritores sobre temas científicos, los rayos X y la cuarta dimensión. Animados por el reciente éxito de H.G. Wells con La guerra de los mundos (1898), Conrad y Ford deciden aparcar el proyecto que tienen entre manos la redacción de La aventura (editado en Gran Diógenes nº 8) para intentar escribir una novela científica en la línea de Wells. Valiéndose del emergente género de la ciencia-ficción, Los herederos plantea la invasión de la Tierra por los Dimensionistas, una avanzada raza de humanoides procedentes del futuro, que coexiste con la presente en un universo alterno. El protagonista, Arthur Granger, un aristócrata y escritor sin éxito, nos cuenta su amor no correspondido por una etérea mujer, una indescriptible y casi divina agente de un mundo extraño. El tono de parodia científica, que ya apunta el subtítulo de la obra: «Una historia extravagante», da paso a una sátira política que reflexiona sobre los peligros de la moderna civilización mecánica y materialista, anticipándose así a las conocidas distopías de George Orwell o Aldous Huxley.
Ficha técnica
Traductor: Juan Antonio Molina Foix
Editorial: Valdemar
ISBN: 9788477026259
Idioma: Castellano
Número de páginas: 276
Tiempo de lectura:
6h 32m
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
Fecha de lanzamiento: 12/01/2009
Año de edición: 2009
Plaza de edición: Madrid
Colección:
El Club Diogenes
El Club Diogenes
Número: 273
Especificaciones del producto
Escrito por Joseph Conrad
Joseph Conrad (1857-1924) nació en Berdíchev con el nombre de Józef Teodor Konrad Korzeniowski. Gracias a su padre, patriota polaco, poeta y traductor de Shakespeare, Conrad se inició en la lengua inglesa cuando sólo contaba ocho años. Huérfano y atediado, en 1874 partió rumbo a Marsella con el fin de hacerse a la mar. Tras un fallido intento de suicidio en 1878, desembarcó en Inglaterra, donde, durante dieciséis años, serviría en la marina mercante, un trabajo que lo llevó a tierras lejanas y le inspiró algunas de las obras maestras de la literatura universal, como La locura de Almayer (1895), El corazón de las tinieblas (1899), Lord Jim (1900) o Amy Foster (1901).