Presencia de otros días puede leerse como una evocación melancólica del vivir en 50 poemas. Una melancolía que parece nacer de las ansias insatisfechas de trascendencia del ser humano, de su conciencia plena de finitud, del implacable paso del tiempo que convierte toda experiencia vital en un misterio fugaz y transitorio. Un sentimiento de íntimo desamparo, en suma, que conduce a la búsqueda casi desesperada de sentido y conocimiento. Pero en medio de la desolación, también surge el consuelo y la alegría de la pura belleza que a veces se encuentra en las cosas del mundo, del amor absoluto y del poder creador y redentor de las palabras.