John Dickson Carr (1905-1977) escribió numerosas historias de detectives con distintos seudónimos. Con el de Carter Dickson publicó, entre otras novelas, Los crímenes de la viuda roja. La acción trepidante y la originalidad de sus argumentos, fantásticos e irracionales en ocasiones, le convierten en un autor imprescindible.
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El cadáver de una mujer es hallado en un pabellón rodeado de nieve sin pisar, donde las únicas huellas visibles son las que ha dejado la persona que ha encontrado el cuerpo… Lo curioso es que el asesinato fue cometido cuando ya había dejado de nevar… Ni una sola señal más aparece en el manto blanco del suelo, y el homicida tampoco estaba en el interior del recinto… ¿El asesinato perfecto?... ¿O un reto para la deducción?...
«¿Cree usted —había dicho sin preámbulo— que una habitación puede matar?» El doctor Tairlaine supuso que aquella pregunta, viniendo del director del Museo Británico, George Anstruther, hombre consagrado a la ciencia y dado a los discursos vehementes, servía de preludio a algún razonamiento filosófico. Más adelante sabrá de la existencia de un testamento que prohíbe abrir una estancia...
En un pabellón rodeado de nieve sin pisar aparece el cadáver de una mujer. Las únicas huellas que se ven son las que ha dejado la persona que ha encontrado el cuerpo. Lo curioso es que el asesinato se cometió cuando ya había dejado de nevar. No hay más señales en el manto blanco del suelo, y el asesino tampoco estaba en el interior del recinto. ¿Un crimen imposible? John Dickson Carr (1905-1977) escribió numerosas historias de detectives con distintos seudónimos. Con el de Carter Dickson publicó, entre otras novelas, Sangre en El Espejo de la Reina. La acción trepidante y la originalidad de sus argumentos, fantásticos e irracionales en ocasiones, le convierten en un autor imprescindible. Los crímenes de la viuda roja es otro de sus brillantes títulos.