La poesía de Diego Sabiote nos visita, esta vez de la mano de un personaje de leyenda -Savitrí- a cuyo amparo convoca la representación de una órbita ideal hacia la que la materialidad de la esfera terresre deberia tender. Quiere el autor que sus palabras broten como el rosal: desde sus raices mas hondas hasta una incierta altura que se recorta entre el horizonte humano y el celeste celador del misterio. A la vista del caos y la crueldad, el poeta logra encontrar siempre un motivo para la celebracion y la espranza. Quiza ese es el motivo de que la poesia, la belleza y el amor le visiten en una aparicion unica llamada Savitri.
Nos encontramos ante una obra curiosa, que recoge poemas de sus libros anteriores e introduce algunos inéditos, cristalizando, sin embargo, en un conjunto unitario, bien estructurado, con su lógica interna; como si, en un revuelo, los pajaros dispersos se hubiesen reunido en un solo arbol. Pajaros de todos sus libros que, a veces, se posaban casi invisibles en las ramas de los versos, y otras llenaban, como signos gozosos, con su ansia de vuelo y libertad, el papel blanco del cielo. El poeta se reconoce aprendiz de los pajaros, observador silencioso que intenta comprender su lenguaje arcano, cifrado en su vuelo y en su canto.
La lúcida tendencia de Diego Sabiote que escribe Alfonso López Quintás en el prólogo para integrar, y no sólo sumar o amontonar, cuanto hay en cielo y tierra lo poetiza todo porque lo hace de verdad transparente, pues todo resplandece a una misma luz, sea el trino del canario, sea el apacible amanecer, el niño y su inocencia confiada, el rumor inmortal de las olas que no cesan, un corazon limpio y generoso. Una actitud de respeto admirativo hacia toda la creacion irradian sus versos, y los eleva a esa alta cota humana donde reinan la belleza y la paz. Esa paz profunda y valiosa que canto Goethe en un verso inmortal: azauf allen Gipfel ist Ruh, en todas las cumbres hay calma. Y toda la claridad de la primera mañana del mundo (poema Transparencia).