Gerundio es una obra única y no una mera colección de poemas que pretende alcanzar un ritmo, acorde a unas sinfonías que se desvelan entreveradas en los versos, pero que, en su corazón, tiene la vocacion de estar quebrado, partido, con el objetivo de, en esa fragmentacion formal, denunciar los convencionalismos poeticos, los cliches que amoldan la realidad en significados decadentes y marchitos. Gerundio proclama la recuperacion del significante como la fuente performativa del significado, nos invita a acudir a las preposiciones, los gerundios, la reiteracion, al sonido puro que subyace latente bajo toneladas de descripciones y abstracciones caducadas. Abrazar la paradoja para comprender que el acto creador elimina lo creado pero que nos aproxima a ello como ninguna otra actividad.
Un nuevo libro se ofrece para ser destruido. Se nos presenta como una ofrenda para ser devorado en el altar de la incertidumbre, y no nos pide nada. Solo quizá que participemos en el sacrificio. Sin pretender comprender nada, porque nada hay que comprender ahora, ya que nada había que comprender antes. La ofrenda aparece dibujada en tres partes, pero solo hay una parte. Un mismo poema se nos manifiesta en tres sombras, cada cual tan verdadera como todas las sombras, y apunta a una esencia de esa sombra que está antes, pero que únicamente se puede leer en cada una de ellas. Se puede leer un poema, y luego se puede leer cómo se desarrolla y abre, adelante y atrás. También se pueden leer los poemas como un cuento, leer los otros poemas como otro cuento, y así, sacar las coincidencias.