Los rodamundos son plantas muy peculiares. Son tanto de tierra como de aire, ya que, cuando se rompe la base del tallo, toda la planta se desprende del suelo e inicia un largo peregrinaje rodando sobre si misma, impulsada por el viento. Aparecen en muchas peliculas del Oeste, simbolizando la aridez y la ausencia, como almas errantes a la deriva, al igual que los personajes de estos microrrelatos, quienes, una vez dañadas sus raices, se ven abocados a viajar por paisajes perturbadores y marginales, dando vueltas sobre sus propios vacios y anhelos. En su rodar por el mundo, van esparciendo sus semillas que invaden vastos terrenos, dispersando su desolacion, como aquellos seres dañados desde la infancia que, inexorablemente, transmiten sus traumas a las generaciones venideras.A primera vista, no parece haber esperanza. Sin embargo, Pertinaz alienta al lector a viajar como el rodamundos por ese paisaje que, sin duda, nos estremece, pero, sobre todo, nos ayuda a empatizar con sus historias e, inevitablemente, con nosotros mismos. Las impactantes imagenes de Maldomado, casi palpables por su claridad, belleza y fuerza, parecen acomodarse a tu lado, incluso mirarte directamente a los ojos, sin pretensiones ni exigencias, acompañandonos en la vision de la inconmensurable carga del ser humano.En mi opinion, queda espacio para la esperanza. Si la persona que se adentra en sus paginas es tan valiente como sus autores, correra el riesgo de enfrentarse a sus miserias y a su inevitable vacio existencial, plantando, en ese espacio, la semilla de la lucidez.
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